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Pienso, luego como (primera parte)

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El ajetreo de la vida cotidiana en ocasiones nos orilla a pensar en la “comida” como un mero trámite que debemos llevar a cabo para realizar nuestras actividades diarias. Por otro lado, cuando tenemos oportunidad de sentarnos a la mesa, podemos excedernos en la cantidad de comida que estamos consumiendo; esto ocasiona que muchas veces comamos sin realmente pensar o darnos cuenta de lo que estamos haciendo, no somos conscientes y por lo tanto, no hacemos caso a las señales de nuestro organismo, lo que propicia llegar a consumir más calorías de lo que realmente necesitamos.

Hay muchas formas de “darnos cuenta” de lo que realmente estamos comiendo y por ende, impactar en la manera en la que actuamos frente a los alimentos. Te invitamos a seguir los siguientes consejos que te ayudarán a “Pensar antes de comer”

Cambia de mano: si eres derecho, una buena forma de comenzar a poner más atención en lo que comes, es cambiar los cubiertos de mano. Intenta tomar la cuchara o el tenedor con la mano izquierda, esto hará que te tengas que fijar más en lo que estás comiendo y no lo hagas sólo como un movimiento automático.

Suelta los cubiertos en cada bocado: estamos acostumbrados a no soltar la cuchara o el tenedor hasta que terminamos de comer todo lo que se encuentra en el plato. Esto en ocasiones provoca que incluso antes de deglutir un bocado, ya estemos comiendo el siguiente. El soltar los cubiertos entre cada bocado, te da oportunidad de masticar correctamente los alimentos, saborearlos y únicamente comer el siguiente bocado cuando tu boca haya quedado vacía. El hacer esto te ayudará a comer más despacio y a que identifiques más fácilmente las señales de saciedad.

Solamente come: muchas personas tienen la costumbre de cenar frente al televisor o de leer el periódico durante el desayuno, incluso hay personas que aprovechan los altos o el tráfico para ir desayunando o en su defecto, terminan comiendo en la oficina o en el salón de clases. Es muy importante designar no solo un espacio para la comida, sino también un tiempo exclusivo. El hacer otras tareas mientras comemos, quita la atención a lo que estamos consumiendo, esto puede fomentar el que se consuman más calorías de las que se necesitan.

Efecto pistache: el trabajar para obtener la comida es una buena estrategia para comer despacio y notar la cantidad de comida consumida a partir de las cáscaras o desechos que vas dejando en el plato. Esto sucede por ejemplo con los pistaches o los cacahuates con cáscara, ya que el hecho de tener que pelar cada uno de ellos, nos obliga a detenernos, trabajar por el alimento, consumirlo y volver a realizar de nuevo todo el proceso. Lo mismo sucede con algunas frutas que tienen semillas o que deben pelarse, por ejemplo comer una naranja en gajos, pelar un mango, comer cerezas, pelar lichis, quitarle las semillas a la sandía, desgranar una granada, etc.

Evidencia en el plato: otra forma de ser conscientes de lo que comemos radica en dejar sobre el plato los desechos de algunos alimentos. Las huesos de las alitas de pollo o de las costillas, los caparazones de los camarones u otros crustáceos, las conchas de las almejas, entre otros, sirven como “evidencia” de lo que se ha consumido, lo que nos hace más conscientes de la cantidad que comemos.

Una fruta antes de comer: si a la hora de la comida eres de los que tienen mucha hambre y terminas comiendo de más, comer una fruta antes de comer podría ayudarte a disminuir el hambre y a tomar mejores decisiones en relación a tu alimentación. Comer una manzana, una pera o cualquier otra fruta rica en fibra ayuda a que comas menos en la comida principal, ya que te sentirás satisfecho más rápido.

No dejes de leer la segunda parte de “Pienso, luego como” donde encontrarás más consejos para hacer de tu alimentación un acto más consciente.

Tania Aguilar López LN, MNH

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Pienso, luego como (primera parte)

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